Masaje, ese gran aliado

Elsa Rodríguez Presidenta de AEMI

¿Quién no le ha dado uno a su hijo? Pero ¿conoces realmente todos sus beneficios? ¿Sabías que, además de relajarlo, mejora vuestro vínculo? Pues aún hay más.

Los seres humanos no pueden sobrevivir sin el tacto; es una necesidad básica”, estas son palabras del prestigioso antropólogo Dr. Ashley Montagu, con las que estoy totalmente de acuerdo; al fin y al cabo, la piel es el medio de comunicación más importante para reconocer el mundo exterior, sobre todo en los primeros años de vida. Sabiendo todo esto, el masaje infantil todavía cobra más sentido, porque nos permite entender que todo lo que hace referencia al contacto corporal puede facilitar el establecimiento de un lenguaje especial y único entre padres e hijos. Por eso, el instinto hace que acariciemos a nuestro bebé desde el primer encuentro que tenemos cara a cara, para que se inicie ese vínculo afectivo que le proporcionará la madurez, así como el equilibrio emocional y psíquico que necesita, con el fin de crecer y desarrollarse. ¿Os he convencido? ¿Nos ponemos a ello? Os cuento un poco más sobre esta técnica.

Escúchalo, su cuerpo te habla. El arte del masaje infantil comienza a ser algo habitual en nuestra sociedad, y es que, si nosotros mismos saboreamos sus beneficios siempre que podemos, ¿por qué no regalárselo a los niños? Cada vez son más los padres encantados de incluir esta práctica en la vida diaria del bebé, porque, en un momento donde el lazo físico entre madre e hijo es tan fuerte, generalmente debido a la lactancia, el hecho de darle un masaje a su bebé les permite sentir que participan activamente en la crianza y que su vínculo también es especial. Y no les falta razón. El masaje los ayuda a comprender las necesidades de su hijo, desarrollando así una mejor capacidad para entender sus señales: los bebés hablan con el cuerpo, con el llanto, con la mirada; solamente se necesita escuchar, descodificar y comprender sus mensajes. Ahora bien, sus beneficios no se limitan a una buena relación entre padres e hijos.

Diferentes estudios confirman que tiene un efecto positivo en el desarrollo de los niños y que genera un estado saludable:

✱ Estimula el cerebro y el sistema nervioso, e incrementa la producción de hormonas del placer.

✱ Mejora la digestión, la circulación, la respiración, así como la eliminación de aquello que el cuerpo no necesita.

✱ Refuerza los sentimientos de seguridad y confianza.

✱ Relaja el cuerpo y ayuda a aliviar los cólicos del lactante.

✱ Promueve el sueño profundo y feliz del niño pequeño.

A partir de los dos meses de vida, el bebé está preparado para recibir un masaje, aunque nada más nacer el tacto ya juega un papel muy importante a la hora de ayudarlo a adaptarse a la nueva vida y a que su desarrollo se produzca de la manera más saludable posible. Por lo tanto, sería recomendable que los “toques de relajación” formaran parte de su nutrición afectiva desde ese primer día, para que se pueda sentir y reconocer.

Un tacto amoroso lo calmará. Muchos libros y artículos aportan información sobre masaje infantil, pero si deseamos conocer cómo se desarrolla realmente esta técnica es básico contar con la ayuda de un experto. En los cursos impartidos por educadores certificados de la International Association of Infant Massage, además de compartir nuestra experiencia con otros padres –algo esencial–, aprenderemos la forma de ayudar a nuestro hijo cuando sienta ciertas molestias tan comunes durante la infancia.

Dentición La salida de los dientes, en general, es una etapa que preocupa a las familias porque el bebé suele estar bastante irritable. Para intentar calmarlo, le hablaremos cerquita de la cara. Colocaremos unas gotas de aceite en las manos y, con los pulgares, dibujaremos una sonrisa sobre el labio superior, repitiendo el movimiento . desde el centro hacia los lados. Haremos lo mismo debajo del labio inferior. Amasaremos los laterales de las mandíbulas con los cuatro dedos, y veremos que su expresión se relaja.

Cólicos del lactante De origen desconocido, son muchos los niños que sufren el malestar que estos provocan, y para ayudar a aliviarlo tan solo tenemos que: poner aceite en las manos y colocarlas sobre la barriga del bebé. A continuación haremos movimientos como si fueran una noria. Es importante acompañarlo, mimarlo y decirle que entendemos perfectamente lo que le está pasando y que haremos todo lo posible para que ese malestar desaparezca.

Dolores de crecimiento Se dan a partir de los cuatro años, así que si se queja de dolor en las extremidades o en la espalda, los masajes lo ayudarán a eliminar tensiones y a relajar las zonas doloridas. Podemos darle un masaje intuitivo o aprender una rutina para atenuar su malestar.

¿El estrés solo es cosa tuya? Para nada, a él le afecta igual Sabemos lo efectivos que son los masajes a la hora de tratar esos casos que tarde o temprano preocupan a las madres. Creo que es importante hablar del estrés, porque los niños también se cansan, se agotan y lo demuestran a lo largo del día. Esto puede confundirnos a alguno de nosotros, porque suponemos que, como ellos no tienen el ajetreo diario de un adulto, deberían estar distendidos y entretenidos. ¡Nada más lejos de la realidad! Sus primeros meses de vida son muy activos, están llenos de estímulos y descubrimientos.

Mensajes coherentes Cuando un bebé está inquieto lo demuestra, aunque a veces somos nosotros quienes no entendemos lo que le ocurre ni sabemos qué hacer. Para “descodificar” esos mensajes es necesario que lo escuchemos, que nos pongamos a su nivel. El primer paso es intentar pensar en positivo. Y, después, creer en que el bebé tiene un gran poder para adoptar como propias las afirmaciones del adulto. Los padres somos espejos para los niños, por lo que nuestra forma de expresarnos delante de ellos es fundamental. El cuerpo y la palabra deberían estar en equilibrio, es decir, si le pedimos a un niño que se relaje con el ceño fruncido, le estamos enviando mensajes contradictorios que lo confundirán. Las claves del masaje Cuando hablamos de relajar a los niños no nos referimos a mantenerlos quietos, porque ellos se pueden tranquilizar estando activos, ya que el movimiento los ayuda a liberar tensiones, así como a conocer y descubrir sus capacidades físicas y limitaciones. De hecho, de forma instintiva, nosotros nos movemos rítmicamente con el bebé en brazos para intentar que se duerma o se calme. El masaje se convierte en una vía de relajación si los padres estamos tranquilos y nos adaptamos al ritmo del bebé, porque esto favorece una intimidad que nos permite estrechar los vínculos. Esta es una actividad progresiva: el masaje ayuda al bebé a regular la tolerancia al tacto y, poco a poco, podremos aplicarlo a más partes del cuerpo, así como aumentar su duración. En niños de más de un año, un masaje con aceites esenciales naturales tiene efectos sedantes.

En cambio, hay más cosas que podemos tener en cuenta, como:

✱ Evitar usar aceites esenciales o cualquier otro perfume en los primeros días de vida del bebé, porque dificulta el inicio del vínculo, ya que nos reconoce por el olor.

✱ Mantener el ritmo habitual de la familia, con pequeñas adaptaciones, para facilitar al bebé reconocer el ambiente donde vivirá.

✱ Respetar sus ritmos de sueño y vigilia, permitir momentos de silencio y observar sus señales.

✱ A partir de las siete de la tarde, eliminar poco a poco la mayoría de estímulos externos: música alta, luces brillantes…

✱ Acariciar el dorso de la mano de la muñeca hacia los dedos con movimientos suaves y rítmicos. No olvidemos que los hábitos adquiridos en la infancia le permitirán de adulto reaccionar con calma y eficacia ante cualquier situación.

Él aprenderá de ti, y si lo observas, tú también de él.

Desde el primer momento de vida, los padres somos guías y referentes de nuestro hijo para facilitarle y enseñarle cómo relacionarse con el mundo. Los bebés reciben atenciones, cuidados, mensajes directos e indirectos, verbales o no verbales, y se apegan a sus padres para poder sobrevivir, física y emocionalmente. Aprenden de mamá y papá a relacionarse con el entorno y con las personas que lo rodean, y de los vínculos tempranos y del apego seguro que establezcan dependerán la comunicación y las relaciones afectivas del futuro. Como padres, no deberíamos hacer nada especial. Sin embargo, es clave ser naturales, auténticos, mostrarnos tal y como somos delante de nuestros hijos. Si nosotros somos sinceros, sencillos y demostramos nuestros sentimientos, así como nuestro amor, ellos también lo aprenderán y lo llevarán a la práctica a medida que vayan creciendo. Sabes lo que necesita Mamá, papá, sois expertos en vuestros hijos, nadie sabe más que vosotros de ellos, de su forma de ser, de sus comportamientos, actitudes y deseos. Si los escuchamos, los niños son quienes nos indican el camino. Nos dirán cómo criarlos, nos enseñarán la manera de hacerlo mejor desde la seguridad y la confianza. Esto se transmite y ayuda a vivir feliz. Desarrollemos con éxito la capacidad biológica que tenemos para vincularnos demostrando amor, abrazando, meciendo, cantando, arrullando, mirando y haciendo masajes, porque desde el primer momento de la vida, el tacto tiene un poder incalculable que deberíamos tener en consideración. Los patrones de contacto positivo, físico y emocional aprendidos en la infancia se transmiten de generación en generación y dan identidad a la familia.

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