Parto antes y en plena pandemia.

Supongo, que como toda mujer embarazada, pensaba que mis embarazos se adelantarían.
Pues, en el primer embarazo, me planté en la semana 40 firmando la autorización para la
inducción en la semana 41. Esto me aterrorizó, quería un parto “normal” y al llegar a casa me puse como una loca a subir escaleras, no tenía nada que perder y un poco de ejercicio no me vendría mal.


Al día siguiente me levanté a las 8 de la mañana con un dolorcito en la barriga, fui al aseo y había sangrado, algo no me cuadraba y a los pocos minutos empecé con las contracciones
bastante fuertes y controlé el tiempo y para mi sorpresa, eran cada 5 min. Desperté enseguida a mi marido y nos fuimos al hospital. A partir de aquí todo fue muy rápido y no como lo habíamos planeado.
Llegué al hospital de 5 cm y rápidamente estaba de 7 cm y con muchísimas ganas de empujar, cosa que aún no era conveniente. Me preguntaron si quería epidural y decidí que no, quería sentir las contracciones para ayudar a salir a mi bebé. Rápidamente, apareció el pelo del bebé, cosa que me dio más fuerzas pero, en aquel momento mi marido recordó que habíamos olvidado la caja para extraer las células madres. La ginecóloga nos recomendó que no saliera mi marido a buscarla ya que no le daría tiempo a extraerlas y tampoco vería mi marido el final del parto. También olvidamos nuestros bolsos y móviles en el coche por lo que no pudimos avisar a nadie de la situación. A pesar de estos despistes de primerizos, pronto tuve a mi pequeño en brazos con una sensación de alegría profunda y, gracias a la pediatra, pudimos tener fotos del momento en que acababa de salir nuestro bebé y de nuestras caras al tenerlo en brazos por primera vez. Fue un parto estupendo y muy rápido (4 horas) aunque con una episiotomía y un posterior hematoma interno con el que entré a quirófano pidiendo epidural desesperadamente.

22 meses después, me encontraba subiendo escaleras otra vez para intentar adelantar mi
segundo parto, aunque ahora por una situación totalmente distinta, una pandemia. Mi fecha prevista de parto era el 27 de marzo y el 25 tenía monitores. Yo no quería ir a monitores porque no me notaba contracciones y no quería poner en peligro a mi bebé ni al resto de mi familia yendo al hospital. Y, otra vez, las escaleras me ayudaron. A las 4 de la mañana me levanté con el mismo dolor de barriga que en el primer parto pero ahora no sangré. Esperé a notar contracciones pero eran muy flojitas e irregulares aunque sí seguidas. Por ello, y al ser el segundo parto, nos fuimos al hospital y llegué dilatada de 6 cm. Ah! Y en este parto, no olvidamos ninguna de nuestras pertenencias ni, lo más importante, la extracción de las células madre.
Fue un parto algo extraño al estar sola sin mi mayor apoyo, mi marido, aunque también fue especial. Las contracciones eran muy suaves y pronto llegué a los 10 cm sin prácticamente notarlo. Me pusieron oxitocina porque no notaba ganas de empujar y enseguida empezó la labor de parto. En éste, me encontraba más cómoda de pie y hasta el final no me senté en la camilla. Era un bebé más pequeñín que su hermano y conseguimos que saliera enseguida (2 horas y media) sin epidural y sin episiotomía. Al tenerlo encima de mí, no me lo podía creer.
Había temido tanto por la situación sanitaria que estaba deseando tenerlo en mis brazos y por fin lo tenía. Rápidamente, pedí que me llevaran con mi marido para compartir mi felicidad.

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