SOMOS PODEROSAS!!! RELATO DE PARTOS

Toda mi vida cuando escuchaba la palabra parto sentía pánico y por ello, tenía la certeza de que yo no podría hacerlo. 
Tras una tarde y un día completo con contracciones, a las 00:30h. de la noche comenzó las que serían las horas más intensas y la experiencia más bonita que he vivido. Yo ya estaba dilatada de 4 cm como me habían dicho en la última revisión. Me levanté de la cama al notar que las contracciones volvían y pensé que serían pasajeras como hasta ahora. Pero esta vez no pararon, cada vez eran más intensas y seguidas. 
A las 3:00h nos fuimos al hospital y en el trayecto del aparcamiento a la puerta tuve que parar varias veces porque era incapaz de andar cuando el dolor aumentaba, pero no me importaba porque estaba deseando conocer a mi bebé. No sabía cómo pero cada vez me sentía más fuerte y capaz de hacerlo. 
Al subir a la habitación vieron que la dilatación era completa, aún así pedí la epidural. Una vez en el paritorio estuve moviéndome hasta que llegó la anestesista. Me rompieron la bolsa y por suerte, la epidural alivió el dolor pero no las sensaciones. Notaba como la cabecita de mi pequeño iba empujando y, acompañada de mi marido, yo empujaba con todas mis fuerzas hasta que la ginecóloga me ofreció coger a mi bebé para que fuese yo quien terminara de ayudarle a nacer. No hay palabras para describir la sensación de ayudar a tu hijo a llegar a este mundo con tus propias manos. A las 4:40h. Joel descansaba encima de mi.  En ese momento ya no me importaba sentir como me cosían, ni la mascarilla, ni el dolor, solo tener a mi hijo conmigo y estar acompañada por su papá.  Por suerte, el equipo médico que tuve fue maravilloso porque me sentí acompañada y tranquila en todo momento, respetando el momento y los ritmos que el peque iba marcando. 
Afortunadamente, tuve un parto precioso y que además de darme el mayor regalo del mundo, me ayudó a tener más confianza en mi misma y me hizo ver que muchas veces somos capaces de hacer mucho más de lo que pensamos.

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